Entradas

Un viejo pesado y una vieja linda

Imagen
 Me he peleado con el guitarrón chileno muchas veces. Me ha caído muy mal. Es como un viejo pesado, mañoso y cáustico, que no te la hace nunca fácil. Sumado a su inherente dificultad técnica, se parece más a una escarpada montaña, que a un cálido refugio musical.  Pero, ¡qué tremendo espíritu que tiene!, qué manera impresionante de invocar energías, presencias y ausencias. Es el mago que al instante me conecta con el alma de mi paisaje. Su resueno, su configuración, su simbología, son únicos en el universo.  Pasé años estudiando solamente el toquío básico que acompaña el canto a lo poeta. El maestro Alfonso Rubio, ilustre integrante de la más fina estirpe de guitarroneros de Pirque, me enseñó los rudimentos, y fiel a mi porfía autosuficiente, me lancé a practicar y descubrir por mi cuenta, preguntar aquí y allá, recabar grabaciones con amigos, etc.   La experiencia de los encuentros de guitarroneros de Pirque me marcó intensamente. Fue una vivencia absolutamente reconceptualizante de l

Mitologías

Imagen
  Muchas veces he creído estar viviendo una contradicción entre hacer música y hacer familia. La vida en pareja es una de amor y entregas. Tres hijes a quienes dedicar energías, pensamientos y recursos llenan el alma mientras vacían el reloj. Cuántas veces he tomado mi guitarra para, ipso facto, oír un distante pero ineludible "papáaaaaaaa". Así surge la mitología en torno a la falta de tiempo para el proyecto personal.  Habrá quienes vivan la oposición de haber relegado una pasión durante años a cambio de pragmatismo. O aquellos que sólo tengan pedacitos de noche para sí, luego de agotados días de trabajo "normal" (que no llenan la cuenta, pero compran algo de predictabilidad).   Pongo la radio, o los más tocados de Spotify, y lo que más escucho son lo que llamo "Super 8 musicales"; endulcorados bocados de sonido que excitan los sentidos, distraen de la ansiedad, y hasta dan una pasajera alegría. Dulce entra, nada queda. La música, nacida para saciar el

Naima

Imagen
  Llevo años sintetizando el jazz y la música chilena. Desde mi primer disco Catorce hasta el último video q subí a Instagram que vengo intersectando mundos.  Una vertiente de la investigación se ha dado desde lo compositivo e instrumental. La Orquesta del Viento y Peregrinos han sido los proyectos con los que he indagado los sonidos de Latinoamericana y Chile. La elección de los músicos, los colores de la instrumentación, los estilos ternarios, etc., han resultado ser buenos amigos de la mentalidad libertaria del jazz y de su hábito estructural.  Otro mar de posibilidades se abrió cuando dispuse mi trío jazzero (guitarra-contrabajo-batería) al servicio del repertorio local. Imaginemos usar el El Derecho de Vivir en Paz de Víctor Jara para efectuar el “plan standard” sobre él, es decir, tocar la melodía de la canción, luego, improvisar sobre sus acordes para, finalmente, cerrar con la melodía. Todo esto quizá cercado por introducción y outroducción. Esta operación ha resultado gratif

Economía

Imagen
 Etimológicamente hablando, la palabra “economía” viene del griego “oikos” que refiere a la casa, sus bienes y administración y “nomos” que significa ley, norma. Vendría a ser entonces algo así como el conjunto de leyes que rigen el funcionamiento de nuestro propio hogar. Escogí esta palabra para hilar lo que musicalmente ocurre en el campo de Chile, en la música popular de Occidente de los 50’s y en mi casa hoy.    En los últimos tiempos he investigado y tocado una pequeña fracción del gran repertorio instrumental de la guitarra traspuesta chilena y he dado con ciertas lógicas y mecanismos comunes a sus variantes. Trasponer una guitarra no es más que reafinar el instrumento, usualmente para simplificar la interpretación. Quienes han masterizado este arte han sido las y los músicos del pueblo llano, tan sabiamente desafectados de academicismos y complicaciones. (Nótese también la etimología de folklore: en inglés, Folk = persona común, pueblo. Lore = conocimiento. Ergo, folklore = sabe

El Pingüino

Imagen
 Pasó una quincena tenue, con notas amargas y otras brillantes. El peso del encierro, la rutina obligada, el stress constante respecto de la situación sanitaria y el bombardeo incesante de noticias de un país resquebrajado, agotaron mi ánimo.  En lo estrictamente musical, el entusiasmo de estar en una zona de descubrimiento, me mantiene motivado y alerta, con una permanente curiosidad que sacio inventando ejercicios a diario. Éstos, muy notoriamente, han tendido a la sustracción. Complejos ejercicios han estado perdiendo notas en busca de un patrón rítmico irreductible. También en lo melódico, busco que la síntesis se aproxime a 0.  El horizonte armónico del jazz se presta fácilmente para fundirse con otros paisajes. Estoy creando en base a arpegios o series melódicas de alguna escala dada e incorporándolos al ritmo de 6/8, en específico al patrón de la cueca/tonada y sus variantes.  Bueno, todo esto, tan dfícil de llevar a las palabras, es natural y obvio cuando practico.   Pas

Pat Metheny

  Otra semana que deja ricas experiencias musicales...  T al como lo venía intuyendo, dejé en pausa la investigación que estaba haciendo con la música barroca. El nivel de aprendizaje era altísimo cada día, pero la tarea del músico es oír no sólo sonidos, si no también su ámbito y su voz interna, y ya era tiempo de hacer un giro.   Conociendo mis macroritmos, probablemente revisite ese mundo a fines de este año o durante el próximo (si es que aún queda mundo!).   Me aboqué por completo entonces a preparar un taller dedicado a la música y figura de mi héroe personal, Pat Metheny, gigante de la guitarra jazz y fusión. Mi querido colega Federico Danneman, me convocó para realizar esta actividad y me lancé a re-escuchar los temas que me cautivaron en mi adolescencia, a tocar sus frases, a re-estudiar sus composiciones.   Rápidamente caí en cuenta de todas las cosas en común que tengo con él, sobre todo a nivel técnico y rítmico. Fue muy intenso volver a reconocer su influencia, re

Saber perder...

 Uff, qué semana que pasó! Después de los "éxitos" de las piezas de Bach que subí el par de semanas anteriores, me lancé a completar la tríada (me funciona bien pensar de a tres) nuevamente con una Zarabanda, la que forma parte de la tremenda partita en Am para flauta, BWV 1013.  No exagero si les digo que nunca había sacado algo tan simple y tan difícil. Esta es la versión (transportada a Gm) que empecé a sacar nota por nota: https://open.spotify.com/track/5XVWAdZ7weDZosEAfrlkEp?si=y4c8ZGLBRACdDcOCttlrMw   Al contrastar la partitura con esta y otras interpretaciones "reales" se nota un mar de diferencias, o mas bien, la emergencia de la musicalidad de cada intérprete, que toma cada pasaje para dotarlo de lenguaje, personalidad, sentido, etc. Sumergirse en cada nota, sus duraciones, acentos, y entender la música que carga, traducirla a la guitarra, requiere mucho tiempo y compromiso, es realmente un trabajo muy bello y arduo que conecta con lo humano que aún n